Logo de la Diputación

Bizkaiko Foru Aldundia - Diputación Foral de Bizkaia

Idiomas

Logo del Observatorio

Boletín OVGB
Junio 2008 | Número 9


Presentación    |    Temas    |    El Observatorio    |    Herramientas    |   Toma Nota

 HERRAMIENTAS

Imagen de TemasPonencia “Violencia de género como instrumento de desigualdad” de Andrés Montero Gómez

Andrés Montero Gómez, Presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia, y miembro de la Comisión de Personas Expertas del Observatorio Estatal sobre Violencia de Género presentó el pasado noviembre, en el Palacio Kursaal Jauregia de Donostia-San Sebastián, sede de la celebración del congreso SARE, edición 2008, —“Espacios y tiempos para la igualdad: masculinidad y vida cotidiana”—, la comunicación “Violencia de género como instrumento de desigualdad”.

Introduciendo la definición que del concepto “violencia” acuñó la Organización Mundial de la Salud en 1996 como “uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”, Andrés Montero Gómez efectúa una crítica a la conceptualización “medicalizada” de la violencia pues, basándose en que —desde el marco de la salud pública— la conductas violentas atentan contra ésta, se populariza la figura del agresor como víctima de un problema de actitud y de conducta, cuya curación es posible con el tratamiento psicoterapéutico y médico apropiado. Pero no se le reconoce como a alguien que de manera deliberada y consciente inflige violencia por decisión propia, empleándola como instrumento para someter y anular a su víctima.

Frente a este modelo de pensamiento enraizado en el poder, la dominación y la disimetría— el modelo construido sobre sus principios contrarios: la igualdad y la simetría entre hombres y mujeres, para garantizar el repudio al maltrato por motivos de género.

Alcohol, drogas, celos, problemas laborales, falta de control de impulsos y trastornos psíquicos figuran recurrentemente entre las respuestas de las personas a quienes se inquirió por las causas de la violencia masculina mediante las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas estatal y del Eurobarómetro de Bruselas, a modo de buscar en causas externas la justificación psicológica de una conducta rechazable por las normas sociales. Sin embargo —sostiene Montero— “en ningún momento, o en muy pocas ocasiones y personas, se parte de la base de que un hombre está agrediendo porque quiere agredir, porque considera que es la conducta más efectiva para conseguir un propósito, propósito que responde a su manera de entender su relación interpersonal con una mujer y al papel que ésta tiene que representar en esa relación”.

Con rotundidad, el experto desecha la enfermedad mental como condicionante del proceder violento en los agresores, trayendo a colación dos corrientes de pensamiento psicológico: la escuela innatista y la interaccionista. La primera de ellas sostiene que la agresividad instintiva, inmanente a la naturaleza humana y controlable mediante estrategias catárticas, puede llegar a acumularse en nuestro interior hasta alcanzar tal punto de saturación que nos conduce a proyectarla al exterior, mientras la interaccionista postula que la agresividad procede de la relación establecida entre la persona y su entorno.
Ambas teorías descansan sobre los componentes de la violencia, diferenciándose en que una se centra en el biológico, otra en el adquirido.

Cuestionados los autores del maltrato en reconocimientos psicológicos, se declaran inocentes del delito, admitiendo no “hacer nada malo”, sino intentar corregir una conducta impropia de mujeres.

Si bien concede Montero que el consumo de alcohol y las drogas por parte de los maltratadores puede repercutir en la facilitación de la violencia, su uso no pretexta la falta de conciencia de los que agreden a las mujeres ya que, cuestionados los autores del maltrato en reconocimientos psicológicos, se declaran inocentes del delito, admitiendo no “hacer nada malo”, sino intentar corregir una conducta impropia de mujeres, de acuerdo a unas normas aprendidas e interiorizadas sobre el castigo que debe imponerse a las transgresiones del comportamiento femenino, cimentado en las convenciones que rigen las relaciones interpersonales entre mujeres y hombres.

“En ningún momento, o en muy pocas ocasiones y personas, se parte de la base de que un hombre está agrediendo porque quiere agredir, porque considera que es la conducta más efectiva para conseguir un propósito, propósito que responde a su manera de entender su relación interpersonal con una mujer y al papel que ésta tiene que representar en esa relación”.

Puesto que quienes emplean la violencia como herramienta de sometimiento han interiorizado los beneficios que les reporta la repetición de su conducta, convencidos de continuar manteniendo su posición de superioridad respecto de las mujeres a las que agreden, se propugna —frente a este modelo de pensamiento enraizado en el poder, la dominación y la disimetría— el modelo construido sobre sus principios contrarios: la igualdad y la simetría entre hombres y mujeres, para garantizar el repudio al maltrato por motivos de género.

Aquellas personas interesadas en acceder a la consulta del texto completo, tienen a su disposición la ponencia en la siguiente dirección:

http://www.sare-emakunde.com/media2/contenidos/archivos/Montero.A_07_cast.pdf

Subir

Volver a página de inicio


Recibe este boletín electrónico debido a que consta en nuestra base de datos.
Si no se desea volver a recibirlo, .

Copyright © 2005. OBSERVATORIO DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN BIZKAIA.